Rituales

En la casa de los Vinuesa....

-Fausto ¿Has mirado si había harina en los platos?

Fausto levanta la cabeza con aire ligeramente culpable al oír a su abuelo y tuerce el gesto.

-Uf, ¿tengo que ir ahora a mirar? Es tardísimo.

-Si no lo hacemos nosotros, acabará por hacerlo el cura. Y Andrés ya no es joven...

-Te ayudo, si quieres-ofrece Aurora, con la lata de harina en la mano.

Mientras ambos hermanos salen, aún se oye mascullar a Fausto.

-"Un plato de harina a la entrada, para que el diablo no camine por las casa abandonadas" ¿Alguien se cree eso?

Bajito, como temerosa de ofender a su mellizo, Cecilia susurra a Adela, su madre

-Bueno... yo prefiero saber que están ahí ¿tú?

Adela le dedica una pálida sonrisa.

-Yo también... anda, encargate tú del platito de leche..

En casa de los Negredo... 

-... en la cuadra, para que los trasgos no hagan diabluras...-sonrie Ludovíca, mientras vierte la leche en una taza pequeña. Ponerlo cerca de la pared del fondo, que he visto un agujero... así no lo harán más grande con las uñitas.

Buenaventura toma aire para hacer algún comentario malicioso, pero vuelve a cerrarla sin hacerlo, ante la forma en que su madre le mira, con el ceño medio fruncido. Ciriaco y Virgilio salen con la leche.

-¿Que ibas a decir?-pregunta Isauro, el alcalde, una vez que su madre vuelve a estar distraída.

-Que si no espanta a los trasgos, al menos espero que el gato evite que aniden los ratones.

Ambos hermanos estallan en risitas bajas. Al menos hasta que su madre, que sabe por experiencia que algo están mascullando, les echa de la cocina, ea, para que busquen....

En casa de los Ybarra

-La flor del cardo en la ventana que mira al norte-alecciona el cura Andrés a su monaguillo Segismundo

-¡Espera, espera!-Calista le arrebata las flores de las manos y las une a unas ramas verdes y largas que trae del patio. Cuando termina, su marido Sebastián lo ata con un nudo firme.  

-Mejor ¿verdad?-dice con orgullo. Andrés asiente, conciliador. Lo mismo da como se ponga la flor, mientras esté en su sitio, en las ventanas que miran al norte, para alejar el viento frío.

-¿Está ya todo?-pregunta Isabel desde la mesa. Pues venga... todos a cenar.

En casa de los Clavijo

-... quiero tener una cena en paz. Por favor-suspira Pepa Clavijo.

-¡Pero es que no son más que supersticiones absurdas!-se indigna Diego

-Es que he dejado la masa subiendo. Y si entra frío por la ventana se va a estropear-se disculpa Teodora

-¿Y va a impedir una flor que entre frío?

-¿Por qué no? A mi si tomo manzanilla se me pasa el dolor de estómago... 

-Mamá-interrumpe Venancio-¿Falta mucho para cenar? Quería ir a ver a Cecilia... 

-¿A estas horas? Seguro que ya están cenando-advierte Felisa

-Es que he encontrado un trébol de cuatro hojas...-Venancio capta la mirada de advertencia de su madre y su tía y se corrije-Y supongo que le hará gracia... es lo que dices tú, papá... una anormalía natural.

-Seguro que puedes esperar a mañana.

-Pero mamá....

En casa de los Montenegro...

-¿Madre ha cenado ya?-pregunta Ezequiel antes incluso de quitarse la pelliza

-Si-asegura Prudencio. Ya le subí la comida hace un buen rato.

Sinforoso, que viene también de fuera, deja un conejo aún tibio sobre el hogar. Después mira acusador en dirección a Úrsula

-Y tú ¿Dónde te habías metido? Te he estado buscando media tarde

-En casa de los Vinuesa. Trabajando.

-¿En qué? ¿Cuál estaba enferma?

-....

Ursula guarda un silencio desafiante. Ezequiel y Prudencio se adelantan a mediar cuando les interrumpe Santiago, despatarrado cómodamente junto al fuego

-La viuda, seguro... le debe picar la falta de uso.

Hay un coro de carcajadas a las que Úrsula responde con un bufido. Agita un enorme cuchillo en dirección a sus hermanos, antes de rajar con el la barriga del conejo. Lo despelleja en pocos segundos y deja la piel aparte, para curtirla después. Saca de un solo tirón una ristra de tripas y las arroja al fuego. El resto va a la olla.

-Ale, ir limpiando la mesa. Esto estará listo en nada.

Y en casa del Herbagante...

Listo. Nemesio ata cuidadosamente en un pañuelo la navaja y la pequeña azada que usa en su trabajo. Es importante que no suenen al entrechocarse, cuando cruce el bosque de los franceses. Prepara su ropa y su equipo. Y apaga todas las luces para acostarse a dormir antes de que el sol se ponga. Mañana saldrá al amanecer.

Y en otro lugar...

-Mañana al amanecer... así que tiene que quedar todo listo antes de acostarse-alecciona Täleb

Los preparativos no son largos: Fedora se asegura de que todos los restos, la basura e incluso las cenizas acaben en el agujero, antes de cubrirlo todo con una paletada de tierra. Amira trepa con una pirueta a lo alto de uno de los carromatos y empieza a soltar las telas, retiradas por el día para ventilar el interior. Täleb y Khâlid las aseguran a los costados, uno de cada lado del carromato, mientras Nunn y Alfonso empiezan a recoger los cojines de cuero, una alfombra ya raída y las mantas sobre las que han estado sentados durante  la cena.  Altair revisa las ruedas y los costados, asegurándose de que no hay nada astillado o quebrado.

-¿No han vuelto todavía León y Amadeo? -Pregunta Nunn, preocupada.- Se fueron ya hace un buen rato.  Amira, desde lo alto del carromato se cubre de los últimos rayos de sol para ver mejor.

-Si, los veo.... siguen junto al río... las mulas han terminado de beber, pero León se ha subido a una y está... haciendo algo con una rama larga... creo que quiere que la mula  eche a correr...  contra un árbol

Fedora se pone las manos en la cintura con una carcajada.

-Pues si ya cuesta normalmente que anden... 

-Ouch. Vaya golpe se ha dado... vaya... pues ahora la mula si que corre... se les ha escapado... Amadeo va detrás a la carrera... 

Altair se lleva las manos a la cabeza y resopla

-Ay señor, llévame pronto.... es que todas las putas noches igual.

 

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