Los viajeros

Un extraño grupo que ha llegado a Valdegrajos con el circo, pero que no forma parte de él, estos cinco visitantes no son menos singulares que los feriantes... al menos para las gentes del pueblo, que tan poco acostumbrados están a los desconocidos.


Khâlid Bin Zîyad

De nombre impronunciable y extrañas maneras, este hombre parece llevar en sus alforjas un nutrido surtido de cachivaches, juguetes, rarezas y maravillas que está dispuesto a vender... por un precio. Aunque los vecinos de Valdegrajos no desconocen el regateo, este hombre parece moverse en ese terreno como renacuajo en el agua. Un detalle que despierta la simpatía de todos es lo mucho que al parecer disfruta de los placeres sencillos como un techo sólido sobre la cabeza y una cama real bajo el cuerpo.

 

 

Amadeo Vargas

Sin duda entre los visitantes el que menos recelos despierta, Amadeo parece un hombre sencillo, no demasiado distinto a las gentes de Valdegrajos. Aunque suele mantenerse en un segundo plano, no hay duda que se mantiene atento y rápidamente interviene cuando las costumbres de propios y ajenos parecen chocar sin llegar a entendimiento. 

 

 

León

León despierta cierta perplejidad entre las gentes de Valdegrajos; es aficionado a los latines y los versos, a requebrar a las mujeres y a intercambiar comentarios incomprensibles con su compañero Amadeo. No resulta demasiado tranquilizadora la enorme espada que lleva al costado, pero como explica Amadeo “los caminos son peligrosos”. Además, justo al llegar juró solemnemente que protegería al pueblo...

 

 

Alfonso Cilleros

No está claro si este joven pertenece al circo o no, ya que de momento acompaña con su música las muestras de talento que han ido mostrando los feriantes. Aparte de eso parece muy interesado en tomar nota de todo con una larga pluma de ganso y muestra una curiosidad entrañable por todo lo que se hace en el pueblo.

Nunn de Asait

Si la curiosidad de Alfonso resulta entrañable, la de Nunn es tan viva que resulta francamente chocante, a menudo hace preguntas que corresponden a alguien de escasos años, o se muestra fascinada por cosas tan banales como el agua en la alberca o los bordados de un vestido. Pero lo cierto es que entre la estrañeza general de los visitantes, su rareza es solo una de tantas... y tiene a su favor ser una mujer aparentemente soltera y libre en un pueblo muy falto de ellas.

 

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