En otro lugar

“cuando el narrador es fiel, eterna e inquebrantablemente fiel a la historia, al final es el silencio quien habla”

Karen Blixen


En Villamanco de Fuentefé, mortecino pueblo de pescadores, se intenta celebrar una boda. Llueve con rencorosa intensidad,  y las campanas de la iglesia repican torrencialmente. Todo el pueblo abarrota puertas y afeizares, golpeando cacerolas y sartenes para ayudar a espantar a las nubes, pues aprecian a la pareja que se casa hoy: el hermoso pescador rubio de dulces modales a quien vieron crecer derramando encanto y la extraña muchacha, la extranjera soñadora que recita versos antiguos.

”No habrá boda” piensa la novia, mientras aferra un ramo de flores de romero y madreselva. “Vendrá en una nube, vendrá envuelto en el viento. Vendrá en el último instante, interrumpiendo la ceremonia para ser felices juntos, hasta el final de nuestros días.”

Pero para su perplejidad, la pasajera tormenta termina pronto; alejadas por el son del metal las ovejas del Nuberu se precipitan a otras tierras, el sol surge lanzando destellos sobre cada superficie y por una vez Villamanco luce esplendorosa. La novia siente un extraño nudo en el estómago, como si algo estuviera mal. Como si su predestinado final hubiera sido arrebatado.

El novio llega corriendo, acompañado por la jarana de medio pueblo:

-Ya está, cariño... ven, te llevaremos en brazos para que no te manches el vestido.

Con un tirón la alza en sus fuertes brazos de pescador, entre los vítores y las risas.

-¿Recuerdas lo que te dije? -le interroga ella, súbitamente nerviosa- Es importante que....

-No debo preguntarte por tu pasado. No debo preguntar tu verdadero nombre. Nunca, jamás, debo reprocharte no ser humana. No lo olvidaré, amor.

Penthea la Portadora asiente, aliviada. Todo está bien ahora. Todo vuelve a estar armoniosamente ordenado. Ambos descienden hacia la iglesia, bajo una cascada de flores silvestres.

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