Azul

 

 

Her lips were red, her looks were free,

Her locks were yellow as gold:

[...]

"The game is done!  I've won!  I've won!"

Quoth she, and whistles thrice.

Coleridge

 

 


Nunn camina por el puerto de Coraza de Mar. Los planes de León se han disuelto en la ciudad costera; reconocido en la puerta, Cermid Ferbáal le ha convencido para enviar emisarios a toda Asaìt y convocar a los Señores en Ilduratia. Su sobrina patea un charco con rabia: en su opinión es dar a la Regente la oportunidad y el tiempo de prepararse para la guerra.

En contraste con su mal humor, a su alrededor estallan brotes y flores. El sol brilla sobre las paredes aún rezumantes. Libre de las altas mareas de los últimos meses la ciudad resplandece, la gente se afana por limpiar los restos de limo y algas, brillan banderas de colores brillantes; todos parecen nauseabundamente felices.

-¡Rubia! Rubita, ¿Buscas barco?

Nunn gira la cabeza con una réplica mordaz en los labios, pero queda muda al contemplar la nave desde la que le han llamado. Negra como la pez, de proa alta y afilada, desgastada por mil viajes pero pulida  y brillante como si sus marineros la bañaran como una madre a su bebé. El nombre del barco “Ánima” destaca sobre el casco con pintura roja y blanca. Cada cabo está enrollado pulcramente, cada vela recogida y plegada con tal precisión que parece una maqueta para guardar en cristal.  En contraste los marinos que se afanan sobre la cubierta lijando y pintando visten a la buena de Dios, con ropa que fue elegante en el pasado, rapiñada de cincuenta puertos distintos.

-Sea quien sea, si te pone de ese humor, no merece la pena, rubita. -insiste el hombre, un marino exageradamente flaco pero nervudo como un manojo de cabos retorcidos- ¿No te apetece subir y le mandas al carajo?

-Ya... ¿Y qué pretendes cobrarme por ese pasaje? -replica ella con ironía.

-Bueno, rubita... se nos ha muerto el capitán, en paz descanse el viejo, y resulta que los chicos y yo somos buenos marineros, pero no valemos para elegir destino o calcular una ruta, solo para viajar. Tampoco nos gusta bajar a tierra cuando hay que cerrar negocios. Si sabes guiar un barco, tenemos un trato.

Nunn entrecierra los ojos con desconfianza. En su memoria hay vagas referencias, poco tranquilizadoras, sobre una tripulación que no pertenece a la Hermandad, que jamás pisa tierra firme...

-Jura que es un trato limpio. Jura por tu derecho a cruzar el mar que no me estás ocultando nada.

-Todos ocultamos cosas, rubita. -sonríe el marino, con una sonrisa que por un momento muestra más dientes y más brillantes de lo que debería guardar una boca- Puedo jurar que no escondo amenaza alguna para ti, que ninguno de nosotros te tocará un pelo de la ropa, que no te retendremos si ese no es tu deseo. ¿Valdría?

-Valdría.

-¡Por mi derecho al mar, juro! -El grito cruza la cubierta, una veintena de gargantas unidas en una sola voz. Con un escalofrío Nunn se da cuenta de que los marineros que tan casualmente se afanan o hacen el vago en cubierta han estado atentos a cada palabra.

-¡Traed la escalerilla, atajo de viejas glorias! -grita el flaco.

-Que le den a la escalerilla. -Nunn salta hasta el cabo de amarre y trepa por él como una gata. Nadie comente el error de intentar ayudarla.

-Bienvenida. Mi nombre es Ismael, soy el contramaestre.

-Yo soy Nunn. Nunn Nemo-inis. -declara con firmeza. ¿Cuál es nuestro destino?

-Bueno, a los chicos y a mi ya nos pican las piernas... y solo en nuestra casa estamos cómodos en tierra, y hace tiempo que no la visitamos.

-¿Y eso dónde es?

- En Non Trubata -Sacude la cabeza al ver la mirada irónica de Nunn- ya, ya. No digo que sea fácil, a veces se muestra a la primera, a veces tarda más... pero siempre acaba por aparecer, si la buscas lo suficiente. El viejo capitán tenía en sus papeles marcados los sitios por donde suele andar, puedes instalarte en su camarote y consultarlos. ¿Y qué prisa hay?, el barco está aprovisionado, navegar en él es una delicia... es un barco precioso ¿Verdad?

-El más bonito que he visto jamás. -concede Nunn con sinceridad. Ismael responde con una risita larga, inquietante.... y vagamente familiar. “te debo un regalo bonito...”  

-¡Vamos, vamos, viejas glorias, al que se retrase le arranco una pierna y esa será mi cena esta noche!

Con una precisión que es el sueño borracho de cualquier capitán, despliegan las velas, recogen los cabos y el barco abandona Coraza del Mar, toma velocidad con la primera ráfaga de viento, clava la proa en el horizonte, cabecea... y se pierde entre el  azul imposible de los Mares Ignotos.

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