Prerromanticismo literario

Del mismo modo que en el arte pictórico y escultórico, en el que la tendencia general en la España de principios del s. XIX fue el continuismo de las corrientes del barroco, en literatura encontramos también una entrada tardía de las tendencias europeas. De este modo, a principios del siglo encontramos en el país la aparición del movimiento prerromanticista, que en el resto del continente está llegando casi a sus últimos coletazos.

El prerromanticismo es una oposición frontal a las tendencias neoclásicas anteriores. Viene de la mano de los filósofos franceses e ingleses (Locke, Sterne, Rousseau, Diderot...) como un sentimiento de insatisfacción con la tiranía de la razón. Este sentimiento hace valer el derecho de los individuos a expresar sus emociones personales, entre las que se encuentra, fundamentalmente, el amor, abriendo las puertas al posterior romanticismo.

Las principales características de esta tendencias serían:

  • El predominio del sentimiento frente a la razón.
  • Rechazo de las "reglas".
  • Gusto por el esoterismo y el misterio (cementerios, escenas oscuras, tormentas, fantasmas...), frente al gusto de la naturaleza arreglada y tranquila del neoclasicismo.

En España el periodo neoclasicista había tenido una escasa duración, llegandose pronto al gusto prerromanticista, de forma que las ideas clásicas se asimilan con los sentimientos prerrománticos. 

Los principales poetas de esta tendencia se encuentran en la Segunda Escuela Salmantina (Manuel José Quintana, Cienfuegos, José Cadalso) y en la Escuela Sevillana (Alberto Lisa, Arjona, José María Blanco White y José Marchena). 

Los principios de estas escuelas eran los de una poesía filosófica e ilustrada, de carácter fundamentalmente pragmático. De ahí que sus géneros preferidos fueran los que pretendían de algún modo reformar las costumbres humanas individuales o sociales: la fábula, el epigrama, la sátira y el poema filosófico o didáctico.  Esos principios fueron expuestos en la Epístola de Jovellanos. 

La mayoría de sus componentes adoptaron algún sobrenombre o máscara poética.  Gustaban de los temas mitológicos y la poesía de Anacreonte entre los griegos y de Horacio entre los romanos; si se trataba de poetas españoles, los predilectos eran sobre todo los del Renacimiento y fray Luis de León sobre todo, aunque también Garcilaso de la Vega, Esteban Manuel de Villegas y Bernardino de Rebolledo.

 

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