La crisis de la monarquía española

¿Cómo es posible que Carlos IV y su hijo Fernando agacharan la cabeza ante las amenazas de Napoleón? Para explicar completamente las razones de esta actitud deberíamos remontarnos a las malas decisiones de la monarquía española a lo largo de los siglos anteriores. Como este no es el objetivo de esta recopilación, nos contentaremos con un breve resumen que, a nuestro entender, permite explicar este proceso de degradación.

Lo primero, tenemos que entender que la guerra de Indepencia con Francia agravó una situación que ya de por sí hacía décadas que era insostenible. Muchos aprovecharon la confrontación con Francia para explicar el deterioro de la economía pero lo cierto es que todo el proyecto político realizado por los Borbones había resultado un fracaso total.

Empecemos por las decisiones de Carlos IV. Llegó al trono en 1788, heredando un economía del país hundida por compromisos internacionales. España jugaba a ser una gran nación pero carecía de la inteligencia necesaria para conseguirlo. Veinte años después,  en 1808, el rey español había conseguido aumentar los gastos al doble, dejando intactos los ingresos.

¿Cómo fue esto posible? Para entenderlo tenemos que explicar las medidas tomadas por el monarca para sobrevivir a la economía española. La mayor parte de la deuda era interna y surgió por la emisión de los “vales reales”, unos títulos que expiraban a los veinte años. Se esperaba que esos vales se cobraran más adelante y que se intercambiaran como si fuera papel moneda, pero lo cierto es que los comerciantes esperaban amortizarlos cuando llegara el momento. Cuando el momento llegó, la corona no pudo hacerse cargo de las deuda y esos vales quedaron sin validez, dejando a sus compradores sin posibilidad de recuperar su dinero.

Pero, ¿por qué necesitaba Carlos IV tanto dinero? La política exterior del rey español había esquilmado los cofres de oro de la corona. Primero se enfrentó a la Francia revolucionaria. Después inició una guerra contra Gran Bretaña (en 1796), guerra en la que se perdió las islas de Menorca y Trinidad. Cinco años más tarde, en 1803, Godoy llegaría a un acuerdo con Francia por el cual los españoles pagarían un subsidio mensual a los francos de seis millones de francos por “obligaciones impuestas por los tratados que unen a ambos estados”. Cuando Inglaterra se enteró de esa maniobra lanzaron un ataque que acabó con cuatro buques cargados de oro y Godoy volvió a declarar la guerra a Inglaterra. Unida a Francia a petición de Napoleón, España mandó su flota en un viaje absurdo que la llevó a las Antillas, a Finisterre, a Cádiz y después a Trafalgar, donde fue prácticamente destruída. 

La flota española había consumido casi todos los recursos obtenidos por el endeudamiento del estado y quedó destruída sin beneficio alguno para España. 

Un año más tarde, ya en 1806, Godoy habló de la posibilidad de una guerra cercana sin mencionar al enemigo. Napoleón, molesto, expulsó al hermano de Carlos IV de Nápoles y obligó a los reyes españoles a reconocer a José Bonaparte como rey de esa zona.

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