La reacción de Napoleón (Noviembre de 1808, Febrero de 1809)

 

Es a principios de Noviembre cuando Napoleón decide tomar cartas en el asunto. El emperador traslada unos ciento treinta mil hombres a España y se ocupa personalmente de la guerra. Al mando de un cuarto de millón de soldados comandados por sus mejores generales, Napoleón espera terminar con la resistencia de una vez por todas. Y por extensión casi lo consigue.

El 10 de Noviembre Soult entra en Burgos, donde se saquean hasta las tumbas de los monasterios. El 23 del mismo mes caen las tropas enm Tudela, donde “los defensores de Bailén fueron animilados, dejando millares de cadáveres sobre el campo de batalla”. Napoleón cruza Somosierra el 30 de Noviembre valiéndose de unos lanceros polacos a los que no le importa sacrificar. El 4 de Diciembre entra por la fuerza en Madrid y, sin esperar a que su hermano José, supuesto rey de España ratifique los papeles, publica los “decretos de Chamartín”, disolviendo la mayor parte de las órdenes religiosas y desamortizandos sus bienes.

Cumplidos sus objetivos regresa a Francia, pero aún tiene tiempo para acompañar las tropas hasta Astorga donde obligaría a los ingleses a abandonar España, embarcándose en La Coruña, y causando la muerte (no personalmente, claro) a su general en jefe, John Moore.

Con la moral súbitamente crecida los franceses vuelven a asediar Zaragoza el 20 de Noviembre, que cae en dos meses tras combatir casa por casa. “Sus calles, casi enteramente destruídas, eran verdaderos cementerios repletos de muertos y de moribundos”.

El 22 de Enero de 1809 vuele José I a Madrid y comienza la gestión del país. Poco o nada puede hacer durante su mandato. Sus políticas liberales no son del agrado de su hermano y para colmo, en Febrero de 1809, el emperador decide la creación de cuatro “gobiernos” en el norte (Cataluña, León, Navarra y Vizcaya) que serán dirigidos por generales del ejército. No solo eso, los supuestos gobiernos no militares de los franceses en España estarán siempre bajo el arbitrio de los generales, que cogerán lo que quieran, cuando quieran.

José I no lo consiguió, y no podía hacerlo. Cualquier cambio que se produjera en España tendría que ver, seguro, con las decisiones de los propios españoles. Para bien o para mal.


 

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