Mientras tanto... Fernando VII

 

Mientras duró la guerra Fernando VII vivió junto con su hermano en el palacio de Valençay. Durante cinco años se ocupó de enviar escritos de adhesión a José I, de felicitar a Napoleón por sus victorias y de denunciar a los que se le oponían, incluyendo a un irlandes que había sido enviado para liberarle del “yugo francés”.

En Diciembre de 1813, sin embargo, Napoleón le pone en un compromiso: le pide que regrese a España para ocuparse de ella. Para ello le hace firmar un tratado secreto de paz, por la que Fernando se compromete a proteger a los afrancesados de España. Pero las Cortes habían advertido que ningún acuerdo del rey tendría validez mientras estuviera en cautiverio francés. Una dificil diatriba que Napoleón solucionó liberando a los príncipes y enviándolos a España. Tres días antes de partir, Fernando VII diría de las Cortes: “En cuanto al restablecimiento de las cortes, como a todo lo que pueda haberse hecho durante mi ausencia que sea útil al reino, siempre merecerá mi aprobación, como conforme a mis reales intenciones”

Así regresó Fernando VII a España, siendo recibido en Cataluña el 24 de Marzo de 1814. Sus primera decisión conocida fue desdecirse de la frase anterior y no acatar la constitución. Solo tardó un mes en cambiar de idea. No fue, naturalmente, del todo idea suya: sus consejeros, unidos a un grupo de conspiradores de Madrid, incluyendo al antiguo regente Lardizabal, le habían traido un documento firmado por 69 diputados en los que le pedían que restaurara el absolutismo.

Nuestro Fernando VII volvía a sus dominios como legítimo rey, visitando en Valencia el 16 de Abril. Mientras tanto los conspiradores imprimían el decreto del 4 de Mayo de 1814 en el que el rey declaraba las Cortes y la Constitución “nulos y sin ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos, y se quitasen de en medio del tiempo”.

Todo el teatrillo estaba listo para el acto. La noche del 10 de Mayo se detuvo en Madrid a muchos considerados liberales, entre ellos 23 diputados, acusándoles de delatores al régimen francés. Un día más tarde se mostraba el decreto y se cerraban las cortes, formando un nuevo gobierno.

El 13 de Mayo Fernando VII entraba en Madrid, entre fiestas, gritos de alegría, funciones de iglesia y corridas de toros para alabar al monarca. Fue el broche esperpéntico perfecto para un período extraño, leve reflejo de lo que quedaba por venir.


 

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