La creación de la guerrilla (27 de Marzo de 1809, 22 de Abril de 1809)

 

Las sucesivas derrotas de los generales españoles fueron mermando cada vez más las posibilidades de victoria. Sin embargo esos soldados españoles que poco a poco iban abandonando sus ejércitos formarían una fuerza militar contra la que los franceses poco podrían hacer. O en palabras de cronista, “la guerra mural y pequeña, llamada guerrilla, demuestra la experiencia ser la que más teme el enemigo y la que más le escarmienta”.

La finalidad de la guerrilla no era conquistar un territorio, sino el ataque continuo a los franceses para que no pudieran controlarlo. Era “un ejército invisible, como una red de la cual no escapaba ningún soldado francés que se alejara un momento de su columna y guarnición”. Según los generales franceses “solo poseíamos el terreno que ocupaban nuestros ejércitos”. El éxito de los guerrilleros residía en el conocimiento del terreno y en saber en todo momento la posición de su enemigo.

Por una vez las tornas cambiaban y eran labradores, pastores y artesanos los que creaban ese cambio. Sus dirigentes eran hombres de tremendas capacidades. Juan Martín Díez, “el Empezinado”, Espoz y Mina, Juan Sánches “el Charro”, Juan Díaz Porlier “el marquesito”. De todos ellos, Espoz y Mina era el genio militar, pues consiguió gobernar hasta cinco mil hombres. Fue el único que consiguió enfrentarse a los franceses cara a cara, el único que consiguió que los franceses se quedaran a refugio en las ciudades.

Pero esas figuras no dejan de ser pequeñas excepciones de una realidad social. Porque fueron los campesinos los que tomaron las armas y los desertores los que les enseñaron. Para los campesinos la guerra estaba allí: eran los soldados franceses los que les habían obligado a echarse al monte y la mayoría consideraban que al terminar la contienda volverían a sus labores.

Pero junto a los campesinos también nacieron los delincuentes, los que saqueaban, robaban y violaban amparándose de los montes. Más aún, hubo bandoleros, como el “boquita”, que se ocuparon de acciones contra-guerrilla, causando la muerte de guerrilleros a los que había llegado a conocer. Más aún, los guerrilleros que “defendían su patria” en ocasiones tenían que convertirse en forajidos para sobrevivir, llegando a provocarse conflictos con los habitantes de los pueblos a los que habían jurado proteger. Toda una ironía que no está exenta, en cierto sentido, de belleza.

En definitiva se podría decir que los campesiones, los desestores, los pueblerinos se convirtieron, por vez primera, en una fuerza por sí mismos y no por las levas. Una fuerza que, en su mejor momento, llegaron a contar con casi cincuenta mil hombres.

 

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