Las Cortes de Cádiz (Enero de 1810-Junio de 1811)

 

La Junta Central se convirtió en la salvación de unos militares que tenían que buscar una cabeza de turco a la que acachar todos los fracasos militares españoles. El avance francés forzó a los miembros de la Junta a refugiarse en Sevilla, pero fueron acosados por aquellos que pensaban que se disponían a embarcarse llevandose una fortuna en oro y joyas. En Cádiz tuvieron que ceder su poder a una nueva regencia formada por un político, tres generales y un obispo.

Pero el último estertor de la Junta se convirtió en un regalo envenenado para la regencia. Se convocaron unas Cortes en las que, por primera vez, tenían presencia los representantes de las Indias. En esas Cortes se tratarían las reformas necesarias en el estado español. La convocatoria fue enviada a todas las juntas provinciales, todos los ayuntamientos, todas las universidades. A pesar de las diferencias entre los convocados se sentía que el modelo que había sustentado el estado español había muerto, que había que reformar un país que estaba destrozado. Era necesario una ley que impidiera que el monarca pudiera manejar a su antojo al estado, era necesario “remediar los abusos por donde habían venido a tamañas calamidades”. Justo antes de desaparecer, la Junta Central enviaba la convocatoria a cortes y las normas para la elección de los diputados.

La regencia no prestó atención a la convocatoria de cortes, ocupada como estaba tratando mejorar la situación militar. Pero los diputados iban llegando a Cádiz y, cuando quiso darse cuenta, no le quedó otro remedio que actuar. Inicialmente se consideró la posibilidad de restaurar las viejas cortes estamentales pero se consideró imposible por la situación de guerra. Así que se permitió, por vez primera que hubiera una elección sin distinciones. Se incluyeron además representantes de América, escogidos entre los inmigrantes que se encontraban en Cádiz.

El 24 de Septiembre de 1810 las “cortes extraordinarias de todos los reinos y dominios de España” abrieron sus sesiones en un teatro de la Isla de León. Sería un sacerdote extremeño, Diego Muñoz, el que daría, “como movido por un designio miserioso de la providencia de los pueblos” la idea que al final se impondría en las Cortes.

  • La soberanía de España se divide en tres poderes, el legislativo, el ejecutivo y el judicial
  • Fernando VII es el rey de España, siendo nulas las capitulaciones de Bayona, por haber sido hechas bajo amenaza personal.

Una vez aceptado que el rey solo tenía poder ejecutivos se llamó a los cinco regentes para que prestaran juramento. Solo el obispo de Orense se negó a jurarla.

Era una apuesta arriesgada: unos hombres cercados por el ejército francés, sabedores de que estaban perdiendo la guerra, habían tenido el coraje de preparar los cambios que necesitaba el país para convertirse en una monarquía constitucional. Y estamos hablando de unas cortes compuestas, en su mayor parte, por eclesiásticos, seguidos de lejos por abogados y más aún por militares. Por primera vez todos los estamentos estaban de acuerdo en algo: el estado español tenía que ser reformado.

Naturalmente la regencia tuvo que deshacerse: si el obispo de Orense no quería jurar las cortes, entonces la regencia tenía que ser modificada. El 28 de Octubre una nueva regencia juraba la legitimidad de unas cortes que, entre otras cosas, decretaban la igualdad entre los españoles de España y de las Américas.

La actividad de las Cortes era frenética: en Diciembre se formó la comisión que se encargaría de preparar un proyecto de constitución, comisión que se terminó de establecer en Marzo de 1811. Pero la situación no era sencilla: por un lado estaban los que terminarían por llamarse liberales, aquellos que querían hacer una reforma a fondo de todo el estado español. Por el otro lado estaban los conservadores, que preferían cambiar todo para dejarlo, en la medida de lo posible, igual que estaba. Por poner un ejemplo, se discutió durante días la primera frase de la constitución: “En nombre de Dios todopoderoso, Padre, y Espiritu Santo”, porque se requería que incluyera una mención a la Virgen.

No fueron los únicos problemas a los que se enfrentaron las Cortes: hubo quien dijo que el rey Fernando VII no había permitido esa alianza, que no era mas que un conjunto de “clubs” sin legitimitad real, usurpadoras del régimen. Añadían además que los regentes que apoyaron esas Cortes lo hicieron bajo amenaza de pena de muerte.

Estos y otros problemas consiguieron que el texto de la Constitución se quedase parado durante meses. Mientras tanto, en España, la guerra continuaba su curso.


 

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